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La Facultad de Veterinaria tiene, desde 1932, un hospital abierto a la comunidad en el predio de Agronomía; las mascotas tienen la posibilidad de atenderse con todas las especialidades de la medicina veterinaria un precio accesible
A upa, en el auto, en cochecitos de bebé. Uno rengo, otro que llora y todos arropados con frazadas y chalecos. Esta historia se comienza a tejer de madrugada. Son las cinco de la mañana, hace frío y solo la luna ilumina a la decena de personas que, mate en mano, empiezan a llegar a Avenida San Martín 4351, donde funciona el Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias, en Agronomía.
Unas cintitas rojas en un árbol indican que es la entrada y se puede ingresar.
A veces, el portón de la derecha está abierto y el eterno barro del piso recibe a los autos en un estacionamiento improvisado. Otras, hay que esperar afuera hasta las 6 o 7 de la mañana, cuando se abre el portón.

Números de cartón:
El primero en llegar es el que fabrica los números: unos papelitos de cartón "no oficiales, para que cuando nos empiecen a atender, nadie se cuele", explican; se reparten cuidadosamente. No se sabe cómo, pero siempre hay alguien que lleva esos números y organiza la espera de quienes llegaron temprano.
La primera pregunta es ¿por qué alguien vendría de Lanús, Don Torcuato, Villa Martelli o Recoleta de madrugada para tener un número de cartón que asegure un lugar en la fila? Porque a las 9 empiezan a atender, con un número de verdad, para dar turnos: en la franja de la mañana y en la franja de la tarde. La fortuna tiene dos colores: el rojo es para consultas clínicas y el verde para quienes ya tienen especialidad asignada y deben pasar a pagar. A las 9 ya están todos adentro.
A las 11, cada uno ubicado en la sala de espera de su especialidad, o han vuelto a sus hogares porque les tocó la tarde, o esperan dentro del auto, midiendo el tiempo que falta para su turno.

Más barato, muchos especialistas:
La tarifa del hospital es la respuesta clave al interrogante. Si bien en un principio se definió como un 50% menor a una consulta en un establecimiento veterinario estándar, el precio fue quedando muy retrasado y hoy es mucho más económico que un consultorio tradicional. La consulta clínica tiene un precio de 80 pesos, contra los 300 que puede cobrar un consultorio por fuera de la facultad. Una ecografía: 80 pesos, contra los 500 u 800 que puede costar afuera. Una operación de alto riesgo ronda los 1000 pesos, contra los 7000 o más de otro lugar. La diferencia se hace sentir con mascotas que tienen que realizarse varios estudios hasta llegar a operarse, internarse, realizarse tratamientos complejos, etcétera, y que desafía cualquier presupuesto.
Quienes concurren al Hospital Escuela tienen animales con problemas graves que deben resolver o de manera inmediata, o con un tratamiento muy específico. Es que al tratarse del lugar de prácticas de la Facultad de Veterinaria, tiene especialidades de todo tipo en un mismo lugar. En un día, sacrificado por cierto, la mascota sale con número de historia clínica, análisis de sangre, de orina y placas si hiciere falta, y ecografías si se trata de una urgencia. A lo largo de la jornada, el paciente es revisado por estudiantes y profesionales de todas las especialidades para tener un diagnóstico que nada tiene que ver con el mercantilismo de algunos lugares de barrio.

Un integrante de la familia:
Pero en especial, a los animales se los trata muy bien. Ellos tienen miedo, tiemblan, lloran, miran con ojos de película de Disney: la metáfora más usada es que es un como hospital de niños. Y todos los dueños son madres y padres.
La solidaridad está en todos lados: quienes esperan a veces deben sostener mascotas ajenas para placas o ecografías, se consuelan mientras sus animales pasan el día entero sometiéndose a la revisión; es la angustia de no saber si ellos van a estar bien. Las historias sobre el lugar y el conocimiento de la gente indican que tiene pacientes habitués. Dueños que van con varios animales, hijos que van a sacar turnos para los padres.

Como las mascotas pueden hacer sus necesidades adentro (aunque hay parque alrededor, puertas y lugares más apropiados), el servicio de limpieza es constante. No hay olor a pis y nadie mira mal a nadie si un perro no se aguantó. En uno de los pasillos está la farmacia, en la cual cada uno compra los elementos para los análisis del momento, un medicamento, una sonda o un suero. Al lado de la ventanilla está la balanza digital para perros grandes y chicos, que pesan los dueños. También la enfermería, y los consultorios, salas de espera, oficinas y la fundamental máquina de café.

Pacientes y propietarios:
Adriana Duchene, la directora del Hospital Escuela, se refiere a los asistentes al lugar como "pacientes" y "propietarios". El edificio queda al lado de la Facultad y fue habilitado en 1932, y fue ampliado en 2000 para poder dar demanda a más dueños porque, llueva o truene, la asistencia es cada vez mayor. "El hospital es una unidad académica donde los estudiantes empiezan a tener contacto con el paciente y los propietarios, siempre supervisados por un profesional. Es un lugar de enseñanza y aprendizaje, docencia, investigación y extensión, porque es la parte de atención a la comunidad. Los docentes de la facultad de distintas cátedras forman parte del hospital. La cátedra clínica de animales pequeños forma parte de los clínicos del hospital. Los docentes de técnica quirúrgica son los cirujanos que operan", explica la médica veterinaria y Jefa Clínica Médica de Pequeños Animales.
La institución está dividida en diferentes unidades: clínica, cirugía, anestesiología y las distintas especialidades como laboratorio, ecografía, radiología, emergencia, internación, clínica quirúrgica. Por día se atienden unos 150 animales.

Turnos para todos:
El boca en boca de este sitio supera la información dura. ¿Por qué vienen tan temprano? "Desde hace mucho vienen de madrugada, pero también fuimos aumentando la cantidad de clínicos y a veces no es necesario, a menos que quieras el primer turno de la mañana", explica Duchene y aconseja combinar turnos, una vez que el animal ya tenga historia clínica, por teléfono al 4524-8455/8410 o por mail a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. El horario de atención es de 9 a 21, de lunes a viernes, más el servicio de internación que funciona las 24 horas. También cuentan con seguridad para quienes quedan adentro, de guardia con las mascotas internadas. Hay áreas con mucha demanda, como traumatología, pero otras más tranquilas: "si todos vinieran a las 8 los turnos se conseguirían igual".
Para ir al hospital los perros deben llevar bozal y correa; los gatos deben ir en jaulas o bolsos adecuados. En los pasillos se da un espectáculo constante y el ingenio popular supera a la pacatería. Nada es fashion y todo es fascinante. Perros con buzos de personas, sillitas de ruedas y los abrigos más originales nunca vistos. Una señora cuenta que la mochila "inteligente" con la que transporta a su gata sale 2500 pesos, y como no podía pagarla, fue a Once, compró una mochila con rueditas por 250 pesos, una reja de plástico, la cortó, la cosió y creó la réplica exacta de la misma que había visto en Estados Unidos. Es que le duele la espalda y las rueditas ayudan a ir y volver sin esfuerzo con Sofía, su gata, a cuestas.
Un caso parecido es el del moisés para el gato Panuchito, un sobreviviente de cáncer de médula que espera en los pasillos para agradecer a los cirujanos, con su cama decorada para la ocasión con motivos felinos, antes perteneciente a un bebé. Cada uno tiene su historia no sólo clínica, sino de vida y superación. La mayoría de los testimonios agradecen a las diferentes áreas por haber atendido o salvado a su perro, gato o tortuga, porque hay interconsultas y la mayor cantidad de especialidades del país: quimioterapia, oncología, homeopatía, etología canina, fisioterapia y acupuntura.

Profesores, estudiantes, especialistas:
Otra de las diferencias con una clínica veterinaria es que cada consulta demora un poco más: "un procedimiento que en cualquier veterinaria hacen en cinco minutos acá lleva diez, porque tenemos alumnos, porque el tema se discute, porque preguntan, porque observan y evalúan. Aquí no tenemos casos sencillos. La mayoría de los que vienen son complicados y de esos son de los que tenemos que aprender. Cada caso se estudia a fondo", indica la directora, que también tiene que lidiar con imprevistos. "A veces tenemos descompensaciones de los propietarios y tenemos que llamar a emergencias médicas.
Hoy las mascotas forman parte de la familia, ya no es "el perro o el gato", es Juana, es Lola, es su familiar". Además, los bichos no hablan: "acá atendés al paciente y tenés que interpretar al dueño, porque hay que observar el animal y escuchar el relato de su propietario, hay muchas cuestiones que ellos no las manifiestan, entonces tenemos que tener una unión muy grande con el propietario".

Con paciencia:
Al tratarse de un hospital, no todo es color de rosa. Hay dueños desesperados por la atención de su mascota. Hay urgencias, y hay operaciones en las cuales la mascota fallece o tienen que aplicar eutanasia. Se generan crisis, situaciones violentas y otras muy tristes. Cada día es una historia distinta, porque a veces este lugar es la última posibilidad que se tiene para intentar salvar la vida de la mascota.
Por eso, la paciencia para concurrir es indispensable. En especial, para entender cómo funciona el sistema y su burocracia. A pesar de que se haga largo el día, hay algunos escalones para avanzar: una máquina de café en la parte vieja y al costadito de los jardines que rodean al Hospital Escuela, en medio de Agronomía; la parrillita que nutre a los estudiantes, done se puede ir a almorzar un sándwich de bondiola o vacío. Allí se aceptan perros y gatos, y hay bebederos para saciar su sed.

 

Fuente: LaNacion.com

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